Marco conceptual en el cual se desarrollarán los objetivos científicos

La zona costera es un sistema ambiental formado en el área de interacción directa entre componentes del continente, del océano y de la atmósfera. Sus características naturales incluyen playas, humedales costeros, estuarios, lagunas y dunas. Estas interfaces son muy importantes en términos de transferencia de materia y energía hacia el mar. Los límites geográficos de la zona costera no siempre son fáciles de establecer, variando considerablemente de acuerdo con las características geológicas, geomorfológicas e hidrográficas de la región. En dirección al continente, la zona costera está limitada normalmente por la extensión de las cuencas de drenaje adyacentes a la costa. Estas cuencas son muy importantes por constituir una de las principales vías por las cuales muchas actividades humanas y procesos naturales interactúan y afectan finalmente al mar.

La zona costera es un sistema ambiental formado en el área de interacción directa entre componentes del continente, del océano y de la atmósfera. Sus características naturales incluyen playas, humedales costeros, estuarios, lagunas y dunas. Estas interfaces son muy importantes en términos de transferencia de materia y energía hacia el mar. Los límites geográficos de la zona costera no siempre son fáciles de establecer, variando considerablemente de acuerdo con las características geológicas, geomorfológicas e hidrográficas de la región. En dirección al continente, la zona costera está limitada normalmente por la extensión de las cuencas de drenaje adyacentes a la costa. Estas cuencas son muy importantes por constituir una de las principales vías por las cuales muchas actividades humanas y procesos naturales interactúan y afectan finalmente al mar.

Las marismas y sus planicies de marea son unos de los ecosistemas de interfaz más destacados debido a su diversidad biológica, como áreas de cría y reproducción de numerosos peces y áreas de alimentación para aves migratorias. La producción primaria es alta y la eficaz transferencia de esta producción a los consumidores lleva a proveer sustento y a afectar procesos en ambientes lindantes muchas veces sustentando las tramas tróficas de estuarios y bahías. En algunos casos las plantas de marismas costeras tienen un rol fundamental, en otros son más importantes las microalgas bentónicas o las algas y el fitoplancton. Conocer la importancia relativa de estos ecosistemas es necesario para establecer pautas referidas a manejo ambiental, desarrollo urbano y conservación, ya que un deterioro en las áreas que proveen esos recursos podría tener un efecto en cascada perjudicando a toda la trama trófica estuarial. Las marismas del Atlántico Sudoccidental son poco conocidas, lo que ha impedido realizar una síntesis sobre las particularidades de esos ambientes y caracterizarlos a partir de una perspectiva global.

Las dunas costeras son otro tipo de ecosistemas de interfaz que se ubican en la frontera tierra-mar. Constituyen un ambiente de transición, donde la influencia marina decrece hacia el continente generando un importante gradiente ambiental (salinidad, efecto de vientos, etc.). Comprender el rol de la influencia marina en la dinámica de los ecosistemas terrestres resulta de creciente interés si se consideran los registros existentes que muestran aumentos paulatinos en el nivel del mar. Los ambientes de dunas costeras son muy vulnerables a la erosión hídrica y eólica, por lo que la vegetación juega un rol fundamental en el proceso de estabilización de las mismas. Los efectos del forrajeo de los organismos que habitan los pastizales costeros son importantes en la dinámica de las comunidades vegetales, afectando principalmente la biomasa vegetal, así como la riqueza y diversidad de la comunidad. Otro aspecto de interés lo constituye la acción de los organismos cavadores, como los roedores subterráneos, que modifican los ecosistemas de suelos afectando especialmente la dinámica de los nutrientes. El uso de estas tierras incluye: instalaciones urbanas, actividades forestales, ganadería, turismo y recreación. Como consecuencia, las actividades turísticas no reguladas, el sobre-pastoreo, las plantaciones forestales y la explotación de arena constituyen las principales amenazas sobre este ambiente.

Las cuencas hidrográficas constituyen sistemas naturales de gran interés sí mismos y desde el punto de vista de su integración con ambientes de interfaz. El origen de las cuencas y su composición geológica determinan, en primera instancia, las características físico-químicas de las mismas, manifestando su influencia sobre la biodiversidad vegetal y animal. Además, el uso de la tierra y el desgaste natural de los terrenos aledaños tienen impactos importantes tanto en la disponibilidad como en la calidad de los recursos hídricos. Un vasto espectro de procesos físicos, químicos y biológicos es responsable del contenido y dinámica de la materia orgánica, de compuestos inorgánicos (como los nutrientes) y contaminantes (pesticidas y metales pesados) presentes tanto en suspensión como en solución. De esta manera, las cuencas continentales que desembocan en el mar cobran especial importancia en la evaluación de ambientes estuariales y sus frentes oceánicos. Por esta razón, las cuencas hidrográficas como sistemas naturales reúnen condiciones apropiadas para su estudio particular constituyendo un nexo relevante con el ambiente marino directo, brindando información sobre sus fuentes terrestres.

Los frentes oceánicos son sin dudas los otros ecosistemas de interfaz importantes en los ambientes marinos. En el océano, las propiedades del agua no varían gradualmente con la distancia. Existen grandes extensiones en las cuales las variaciones horizontales de temperatura y salinidad son muy pequeñas, bordeadas por regiones angostas donde los cambios horizontales son extremadamente bruscos. Estas bandas delgadas se denominan frentes. Los frentes deben ser vistos como parte de la complejidad estructural del océano a la escala del paisaje. Es un hecho bien establecido que son regiones de alta producción primaria y acrecentada actividad trófica a niveles superiores. Los frentes son en general interfaces verticalmente inclinadas entre masas de agua de propiedades diferentes, donde las aguas ricas en nutrientes se elevan hasta la región iluminada del océano. Este bombeo de nutrientes genera el enriquecimiento de la zona fótica aumentando la producción primaria en el frente. Las poblaciones de zooplancton herbívoro prosperan y la convergencia concentra a los zoopláncteres promoviendo la producción secundaria. Los frentes también son importantes en la producción bentónica. Los invertebrados del bentos aprovechan la producción primaria y la generación de detritos en la zona fótica. La alta disponibilidad de alimento en los frentes atrae organismos nectónicos (peces y calamares), que transfieren la energía a niveles tróficos superiores. Las aves costeras como gaviotas y gaviotines pueden detectar de forma directa la concentración de presas, o identificar la actividad de predadores sub-superficiales (grandes peces, pingüinos, ballenas, delfines, elefantes, etc.) cuyo efecto es dirigir a las presas cerca de la superficie. Las aves pelágicas, como los grandes albatros y petreles, pueden efectuar vuelos de forrajeo de miles de kilómetros y emplear su olfato para detectar zooplancton, peces o calamares concentrados en los frentes. En el caso de Mamíferos Marinos se conoce la importancia a micro y meso escala de tales áreas, tanto para buceadores someros (lobos marinos, delfines) como profundos (elefantes marinos, cachalotes, zífidos).

El conocimiento de los ecosistemas de interfaz costero/marinos en nuestro país es sumamente dispar. El estuario del Plata y las marismas de la región son quizás los mejor conocidos ya que en años recientes han recibido el interés de investigadores de varias instituciones. El funcionamiento (y en gran parte la extensión) de las marismas es todavía desconocido. Los frentes marinos de esta región también son muy poco conocidos. El frente del talud continental es un sistema de especial interés tanto por sus características físicas y dinámicas como por la naturaleza de los recursos pesqueros asociados a él. Sin embargo, su extensión y localización geográfica hacen técnica y financieramente difícil su estudio, y se desconocen aún la mayoría de los procesos ecológicos básicos del sistema. El frente de mareas frente a la Península Valdés, fue identificado y descrito por primera vez como consecuencia de un episodio de intoxicación con moluscos bivalvos en 1980. Se han desarrollado desde entonces varios trabajos acerca de la oceanografía física y biológica de este sistema, al cual se hallan asociados los ciclos vitales de algunas especies como la anchoíta, el calamar y la vieira patagónica. El resto de los sistemas está muy poco estudiado, aunque existe información dispersa y ocasional que puede ser reanalizada a la luz del marco teórico expuesto en esta propuesta.

La FAO (1990) definió la acuicultura como “el cultivo de organismos acuáticos, incluyendo peces, moluscos, crustáceos y plantas acuáticas”. La actividad de cultivo presupone la intervención del hombre en el proceso de cría para aumentar la producción, en operaciones como la siembra, la alimentación, la protección de los depredadores, etc. La zona geográfica que abarca el término “costero” incluye las tierras ribereñas bajo la influencia del mar, la columna de agua y el lecho de mar que se extiende hasta el borde de la plataforma continental; por lo tanto, el término “acuicultura costera” recubre la práctica de la acuicultura salobre y marina basada en la tierra y en el agua. Es necesario consolidar los actuales esfuerzos en el desarrollo de la acuicultura para desarrollar nuevas tecnologías que permitan el cultivo de organismos acuáticos en áreas costeras a escala piloto y/o comercial, asegurando su compatibilidad con el medio ambiente. El desarrollo sostenido de la acuicultura costera pasa por un buen entendimiento con el medio ambiente, respetándolo y realizando acciones que tiendan a disminuir los posibles impactos que se deriven de dicha actividad. Para ello han de adoptarse medidas en la producción para no degradar el medio ambiente, y que a su vez sean técnicamente apropiadas, económicamente viables y socialmente aceptadas.